El jardín de la hija de la luna

Blog de literatura fantástica y de ciencia ficción

Mi breve opinión personal sobre «Avatar, The Way of Water». (No espóileres).

Vengo de ver por primera vez la película. Tendré que verla varias veces más para captar todo lo que nos cuenta James Cameron en esta ocasión. Tiempo tendré, por tanto, para análisis más concienzudos. Estas son mis primeras impresiones…

No se hace para nada larga; en general discurre muy fluida. Solo en alguna ocasión (una o dos veces) puede que Cameron se recree con exceso en alguna escena que podría haber sido más breve… como si estuviésemos asistiendo a un documental sobre la biología marina de Pandora. Y si buscáis cosas negativas que leer sobre la película, ya podéis buscar en otro sitio, porque aquí no encontraréis nada más.

La película la he sentido en algunos momentos, mientras la veía, como un sueño hecho realidad. Es una forma de hablar literal; no una expresión. En algún momento he sentido que veía algo que trasciende el cine. Y en realidad, eso es lo que debe ser el cine, para seguir siendo cine, y es lo que casi nunca logra llegar a ser el cine. No sé si me he explicado. Creo que sí. El cine se ha convertido en muchos aspectos y para mucha gente en algo costumbrista. Yo creo que debe ser algo también capaz de hacer soñar. Avatar en general, y esta segunda parte, son más esto último. Algo que sorprende y maravilla. Que tiene magia.

En un par de ocasiones, eso es algo que me pasa muy pocas veces viendo una película, me he emocionado solo con lo que estaba viendo y sintiendo, al margen de la historia. En esta película el equivalente de sorpresa visual que en la primera es cuando Neytiri apaga la antorcha improvisada por Sully (y asistimos al espectáculo luminiscente de la selvática noche pandoriana), es cuando los hijos se sumergen por primera vez bajo el agua.

Otras tres veces me he emocionado con los lances argumentales. Además, todo lo que de bello tiene la película no es gratuito, está relacionado con la historia de una forma profunda e íntima.

Hay un guiño a Titanic por ahí, y en general la película está llena de cosas que hemos visto en toda la filmografía de James Cameron, y en la primera Avatar en particular, de la que esta segunda parte es continuista en esquemas, figuras argumentales y otros detalles; aunque hay más y con mayor profundidad.

Las escenas de acción van «in crescendo» y aunque la película quizá no se sienta tan épica como la primera, son impresionantes y siempre justas y perfectamente rodadas, sin regodearse en excesos «peterjakcsonianos».

En cuanto a lo que más me sedujo siempre de la primera parte, todo lo que era más de ciencia ficción, que la visión descuidada de la película no deja ver, aquí se ahonda en ello, siendo el personaje de Kiri, la joven adolescente interpretada por Sigourney Weaver, el principal vehículo para ello. Es sin duda mi personaje favorito, y el que está encaminado, yo creo, a ahondar más en toda esa parte más de ciencia ficción en las próximas películas (que habrán de llevarnos por caminos sospechados por mí pero no por mucha más gente tras ver la primera Avatar, que tienen que ver con Eywa y el origen de los Na’vi).
Deseando ver ya cómo continúa todo en la tercera, dentro de dos años. (Aunque, según lo adelantado por una anécdota sobre los guiones contada por el propio director, de la que hablé en mi anterior entrada sobre Avatar 2, cuando todo se salga argumentalmente de madre, en lo referente a los aspectos más de ciencia ficción, será en la cuarta parte. Y esa aún no está rodada, aunque sí escrita).

En Avatar 2 los vehículos conductores de la historia no son nada del otro jueves, como no lo fueron en la primera película. Allí era la historia de amor pocahontiana entre el invasor rebelde y la princesa local, y aquí la protección de la familia, la venganza, y el deseo adolescente de encajar en el mundo. Pero hay un par de giros en los arcos de los personajes bastante interesantes, que le dan más profundidad a la historia, y a lo que pueda pasar en el futuro. Por no insistir en lo del personaje de Kiri, que toma el relevo de todo lo que a mí me fascinó más, como ya he dicho, en la primera Avatar.

En cuanto a la música, Simon Franglen recrea las partituras ya usadas por James Horner, y sigue su estela particularmente bien en las escenas más calmadas y bellas.

En definitiva, una película bellísima, que merece la pena ver varias veces, y de la que apetece mucho ver cómo sigue la historia de Kiri. Por cierto, que la interprete Sigourney Weaver tiene toda su razón.

La sala estaba abarrotada, y la gente aplaudió al final. Esta película puede devolverle su salud al cine. Porque se siente como algo nuevo. Avatar es el tipo de saga, como Star Wars lo fue en 1977, que hace evolucionar el cine. Algo diferente a lo que normalmente se ve en su propio tiempo. En nuestro propio tiempo.

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